Un marinero de Puerto Madryn que hace fletes ayudó a recuperar lo robado en una finca

La historia de Marcelo Aravena, un marinero de Puerto Madryn, que demuestra su integridad y ayuda a recuperar lo robado en una finca, es un testimonio de honestidad y solidaridad que merece ser contado.

Puerto Madryn Redacción MadrynAhora Redacción MadrynAhora
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En un mundo donde la honestidad y la solidaridad a menudo parecen escasear, la historia de Marcelo Aravena, un marinero de Puerto Madryn, brilla como un faro de integridad y apoyo comunitario.

En medio de tiempos difíciles para los marineros, muchos buscan formas de ganarse la vida. Marcelito, como lo conocen sus amigos y vecinos, se ha dedicado a realizar fletes para subsistir. Pero su historia va más allá de un simple trabajo: es un relato de humanidad y generosidad.

Un día, en un grupo de Facebook, se publicó una oferta laboral para trabajar como peón en un campo cercano a Puerto Madryn. Un joven desempleado aceptó el trabajo, que consistía en cuidar la finca y alimentar a los animales. Sin embargo, en un giro inesperado, el joven decidió robar todo lo que pudo de la propiedad.

Lo que siguió fue aún más sorprendente. El joven, sin escrúpulos, utilizó un camión de flete perteneciente a Marcelito para transportar los objetos robados a Trelew. A pesar de no saber lo que estaba transportando, Marcelito cumplió con su deber como fletero, llevando muebles y maquinaria agrícola al destino indicado.

Pero la historia no terminó allí. Una vez que se descubrió el robo en la finca de Puerto Madryn, la esposa de Marcelito reconoció el camión de flete como el vehículo utilizado en el crimen. Sin dudarlo, Marcelito se puso a disposición de la justicia y la familia afectada, contando lo sucedido y ofreciendo su ayuda para recuperar lo robado.

Con su valentía y determinación, Marcelito viajó a Dolavon, donde se encontraba el botín robado. Después de enfrentar obstáculos y demoras burocráticas, logró recuperar los objetos robados y devolverlos a sus legítimos propietarios. La familia afectada quedó profundamente agradecida por su gesto de honestidad y solidaridad.

La historia de Marcelito Aravena es un recordatorio poderoso de que, incluso en tiempos difíciles, la integridad y la generosidad pueden prevalecer. Su acto de honestidad no solo devolvió la paz a una familia, sino que también inspiró a su comunidad y más allá. Hoy, Marcelito celebra su victoria no solo con un buen plato de comida, sino también con el reconocimiento de su comunidad: ¡Aguante los marineros y aguante Marcelito!

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